El escenario electoral rumbo a la primera vuelta presidencial del próximo 31 de mayo comienza a configurarse como uno de los más fragmentados y complejos de la historia reciente del país. Lejos de la esperada depuración que debía producirse tras las consultas interpartidistas del 8 de marzo, el mapa político sigue mostrando una dispersión significativa de aspirantes, especialmente en los sectores de centro e izquierda, lo que podría llevar a los ciudadanos a enfrentarse a un tarjetón con hasta 15 candidatos presidenciales.
De confirmarse este panorama, Colombia viviría una elección atípica. En 2022 y 2018, el número de aspirantes fue de ocho; en 2014, apenas cinco; y en 2010, nueve. La actual proyección no solo duplica algunos de esos registros, sino que evidencia una incapacidad estructural de los sectores políticos para construir consensos amplios y mecanismos eficaces de unidad.
La única orilla que logró una relativa consolidación fue la centroderecha, que estructuró la llamada Gran Consulta como un mecanismo competitivo y aglutinador. En contraste, el centro político y la izquierda llegan a esta etapa con profundas divisiones internas, múltiples liderazgos en pugna y una evidente resistencia de varios aspirantes a someterse al filtro de las consultas.
Entre los nombres que hoy concentran mayor atención están aquellos que lideran las encuestas o cuentan con estructuras políticas propias. Uno de ellos es Abelardo de la Espriella, quien ha salido al paso de las críticas que lo señalan como una figura de alto riesgo institucional, defendiendo su discurso de cohesión nacional y orden. En la otra orilla se encuentra Iván Cepeda, quien tras la negativa del Consejo Nacional Electoral para participar en la consulta del Frente por la Vida, decidió retirarse de ese proceso y anunció su candidatura directa con el respaldo del Pacto Histórico.
También confirmó su permanencia en la carrera el exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, quien desestimó participar en la llamada Consulta de las Soluciones, pese a intensas gestiones políticas para lograr un acuerdo con la exalcaldesa Claudia López. Fajardo justificó su decisión argumentando que el país necesita una mayoría amplia que supere los extremos ideológicos y que ese objetivo no se alcanza, a su juicio, a través de las consultas actuales.
En una línea similar, el exalcalde de Cali y empresario Maurice Armitage optó por seguir su camino hacia la primera vuelta, respaldado por el aval del Partido Ecologista, ante la falta de acuerdos en el centro político y la presión de los tiempos electorales.
A este panorama se suman varios exministros del actual Gobierno que buscan capitalizar su visibilidad nacional. Mauricio Lizcano, con el aval del partido ASI y más de 1,8 millones de firmas certificadas, confirmó su aspiración presidencial. Juan Fernando Cristo, quien inicialmente había aceptado participar en una consulta de izquierda, se retiró tras la salida de Cepeda y decidió avanzar con el aval de su partido, En Marcha. Por su parte, el excanciller Luis Gilberto Murillo aseguró que continuará en la contienda luego de superar el umbral del millón de firmas, reafirmando su compromiso con quienes respaldaron su candidatura.
La senadora Clara López también decidió apartarse de los procesos de consulta, con la intención de presentarse como una alternativa para sectores progresistas que no se sienten representados por las alianzas actuales. Su candidatura cuenta con el aval del partido Esperanza Democrática, colectividad que recuperó su personería jurídica recientemente.
El listado de aspirantes se amplía aún más con figuras como el exministro del Interior Daniel Palacios, quien continúa en campaña tras quedar por fuera de la Gran Consulta; el empresario Santiago Botero y la abogada Sondra Macollins, ambos con firmas certificadas por la Registraduría; y el excontralor Carlos Felipe Córdoba, cuyo nombre sigue sonando con fuerza en distintos círculos políticos.
A ellos se sumarían, además, los tres candidatos que resulten ganadores de las consultas del 8 de marzo, lo que mantiene abierta la posibilidad de una primera vuelta altamente fragmentada. Para los analistas, esta dispersión no es casual. Existen incentivos claros para mantenerse en la contienda: visibilidad mediática, capacidad de negociación política futura y la necesidad de posicionarse, incluso sin opciones reales de llegar a una segunda vuelta.
La analista política María Lucía Jaimes advierte que, a diferencia de la derecha, donde la competencia se resolvió mayoritariamente por la vía de las consultas, el centro y la izquierda enfrentan el riesgo de llegar divididos a la primera vuelta, diluyendo su fuerza electoral y perdiendo la posibilidad de disputar el poder, aun contando con potenciales mayorías sociales.
El calendario electoral todavía deja espacio para ajustes. El periodo de inscripción de candidaturas se extiende hasta el 13 de marzo, y entre el 14 y el 20 de ese mes se abrirá la ventana para modificar las postulaciones. Sin embargo, el mensaje político es claro: la falta de acuerdos tempranos y la proliferación de candidaturas podrían convertir la primera vuelta presidencial en una competencia dispersa, marcada más por la fragmentación que por la construcción de proyectos colectivos de país.

